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Melvin Morrison

En Español

Double-Lung & Kidney Recipient
Cypress, Texas

Melvin Morrison didn’t even realize he was sick – at first.

Melvin was an active man. After 15 years as a program director for the YMCA, he went on to teach high school English, coach football and girls’ basketball, and conduct driver license examinations. He was also always helping strangers – stopping to help them with their broken-down vehicles, giving rides and buying meals or gifts during the holidays for those who couldn’t afford them.

Then one day, at a routine checkup, the doctor started to quiz Melvin on his breathing, soon diagnosing him with idiopathic pulmonary fibrosis – a type of disease that scars the lungs. Melvin was shocked to learn his only option for survival was a lung transplant.

It was eight years later that he became really sick. He had worked hard to keep his body healthy enough for a transplant, but by that time, he was constantly tired and couldn’t walk far or stand for any length of time.

“I felt less than a man,” he recalled. “I had no independence. I was weak, frail and literally helpless. I wanted to be alone. I wanted more for my wife, because this wasn’t what she signed up for.”

He was deemed eligible for the transplant list, and just a week later, he received a call about a donor – but it wasn’t a match. A second call woke him up at 4 a.m. about another possible match – yet this one didn’t work out, either. By the time Melvin got the third call, he wasn’t getting his hopes up. But this was the call that would save his life. He received a double-lung transplant on June 14, 2012.

Six months later, Melvin became deathly ill again. This time, his kidneys were shutting down. He was hospitalized for three months. While he slowly worked back to health – and was even able to compete in the 2014 Donate Life Transplant Games – he still had to be on dialysis for several hours every week. It was during the Transplant Games that his daughter, Madelyn, offered him his only chance to get off of dialysis: one of her kidneys. She turned out to be a match, and Melvin received her gift on June 16, 2015.

It has completely changed his life.

“Receiving a transplant has enabled me to enjoy life again. I enjoy traveling with my wife and going to different places. I believe that I will see my kids become mature adults and have their own family. I look forward to that.”

Now, in addition to teaching, Melvin lives and gives by volunteering for LifeGift and CHI St. Luke’s Health – Baylor St. Luke’s Medical Center’s Heart Exchange, where he served as president in 2017. Everywhere he goes, everything he does, he spreads the word about organ and tissue donation.

“Every year since my transplant, I will share my story with my high school seniors, and someone will come to me with questions or concerns about someone they know who is experiencing something very similar. As a driver license examiner, I share my story with those classes, too, and there is always at least one person whose mind I can change about organ and tissue donation.”

He has written to the family of the donor who gave him his lungs, feeling a responsibility to them: “I feel as though I have an extended family somewhere that I am to look after and take care of.”

But Melvin hasn’t heard back from them yet.

“I think I understand the purpose of paying it forward and why people don’t want to bring attention to themselves,” he said. Still, he adds, “I hold on to hope that one day I will meet someone from my donor family. I want to tell them how much I appreciate my gift and let them know that through me their loved one still lives.”


Melvin Morrison

Receptor de Doble Pulmón y Riñón
Cypress, Texas

Melvin Morrison ni siquiera se dio cuenta que estaba enfermo – al principio.

Melvin era un hombre activo. Después de 15 años como director de programas para el YMCA, pasó a enseñar inglés a nivel preparatoria, fue entrenador de fútbol y del equipo femenil de básquetbol y realizaba los exámenes de manejo para obtener las licencias. También siempre andaba ayudando a extraños – se detenía para ayudar con sus vehículos descompuestos, llevándolos a donde fuera necesario y comprando alimentos o regalos durante las vacaciones a aquellos que no los podían comprar.

Un día, en un examen de rutina, el doctor le empezó a hacer preguntas a Melvin sobre su respiración, pronto diagnosticándolo con fibrosis pulmonar idiopática – un tipo de enfermedad de cicatrices en los pulmones. Melvin estaba consternado de saber que su única opción para sobrevivir era un trasplante de pulmón.

Fue hasta ocho años después cuando en realidad se puso muy enfermo. Se había esforzado para mantener su cuerpo lo suficientemente sano para un trasplante, pero para ese tiempo, estaba cansado constantemente y no podía caminar lejos ni estar parado mucho tiempo.   

“Me sentía menos hombre,” recuerda. “No era independiente. Estaba débil, frágil y literalmente indefenso. Quería estar solo. Quería algo más para mi esposa, porque esto no era lo que le prometí.”

Se le consideró elegible para la lista de trasplantes y una semana después, recibió una llamada acerca de un donante – pero no fue compatible. Una segunda llamada acerca de otro posible donante compatible lo despertó a las 4 a.m. – y tampoco funcionó éste. Para cuando Melvin recibió la tercera llamada, ya no se ilusionó. Pero ésta sería la llamada que salvaría su vida. Recibió su trasplante doble de pulmón el 14 de junio de 2012.  

Seis meses después, Melvin se enfermó de gravedad y estuvo a punto de morir. Esta vez sus riñones se estaban paralizando. Estuvo hospitalizado tres meses.  En lo que iba sanando lentamente – y hasta compitió en los Juegos de Transplante de Donate Life America en 2014 – todavía tenía que estar en diálisis varias horas a la semana. Fue durante los Juegos de Transplante que su hija, Madelyn, le ofreció su única oportunidad de dejar la diálisis: uno de sus riñones. Resultó ser compatible y Melvin recibió su regalo el 16 de junio de 2015.

Le cambió su vida por completo.

“Recibir un trasplante me ha permitido disfrutar nuevamente de la vida. Disfruto viajar con mi esposa e ir a distintos lugares. Creo que veré a mis hijos convertirse en adultos maduros y tener su propia familia. Espero poder verlos.”

Ahora, además de enseñar, Melvin vive y dona su tiempo como voluntario de LifeGift y CHI St. Luke’s Health – Baylor St. Luke’s Medical Center’s Heart Exchange, de donde ejerció como presidente en el 2017. A todos lados a donde vaya, en todo lo que hace, habla sobre la donación de órganos y tejidos.

“Cada año desde mi trasplante, comparto mi historia con mis alumnos de último grado, y alguien vendrá a hacerme preguntas o con inquietudes acerca de algún conocido que está pasando por algo similar. Como examinador de licencias de conducir, comparto mi historia también en esas clases, y siempre hay cuando menos una persona a quien puedo hacer cambiar de parecer acerca de la donación de órganos y tejidos.”

Le ha escrito a la familia del donante que le dio sus pulmones, ya que siente una responsabilidad hacia ellos: “Siento como si fueran parte mi familia y que debo atender y cuidarlos.”

Pero Melvin no ha recibido respuesta todavía.

“Creo que entiendo el fin de hacer el bien más adelante y por qué la gente no quiere atención”, dijo. Aun así, agrega, “Tengo la esperanza de que algún día conoceré a alguien de mi familia donadora. Les quiero decir cuánto agradezco mi regalo y decirles que a través de mí su ser querido sigue vivo.”

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