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Jill Kolb

En Español

Waiting for a Kidney
Fort Worth, Texas

Jill Kolb isn’t letting a rare kidney disease stop her from helping as many people as she can.

She and her husband, John, are raising two girls (ages 13 and 6) as well as working full time at their respective jobs and working at their ranch. Jill also acts as the “ultimate cheer mom and Uber driver,” taxiing and supporting her daughters at multiple events throughout the week. She’s the founder and president of the Giving Gracefully Foundation, a small nonprofit providing financial support for people facing unforeseen circumstances, such as illness, death or job loss. She also volunteers as president of the Vista Ranch Home Owners Association, a board member for Northwest ISD Education Foundation and as an Ambassador of Hope for LifeGift.

On top of all that, Jill and her family frequently give to others in multiple ways – most of the time anonymously, a tradition started by Jill’s mother who died from kidney failure in 2014.

“I find that I’m more productive, and it makes my heart happier, when I’m able to help someone else – no matter how big or small,” Jill said. “It also helps me stay grounded and realize I’m not the only person in the world with obstacles to overcome.”

Those obstacles aren’t small. Jill is the fourth person in her family to need a kidney transplant due to what doctors believe is thin basement membrane disease (TBMN) – a hereditary condition which prevents the kidneys from filtering blood properly. Jill initially had a living donor lined up whom she was sure would be a match. He wasn’t. They tested two other people close to Jill; neither was a match.

In January 2018, after being sick for several days, Jill poured out her heart on Facebook. She didn’t ask for a donor; she simply explained all the challenges she’d been facing. Then, to her amazement, more than 50 people filled out the initial survey to see if they could be living donors – some were people she hadn’t seen in 20 years.

“It was an overwhelming feeling that I had that many people that were literally willing to give me a piece of them. I couldn’t even respond … How do you even begin to say thank you for the offer of that kind of gift?”

So far, 26 of those friends have been tested, but still, no matches have been found.

With a B+ blood type and a high PRA score (which means she has antibodies against about 92 percent of the population), Jill is especially hard to match. The estimated wait for a deceased donor is seven years. Jill doesn’t let it discourage her.

“Nothing has ever come easy for me and finding my match won’t be either. But that’s okay. Anything worth having is worth working for. I want to be that success story that everyone heard about – the one that defied ALL odds!”

Her hopes for the future are simple.

“Like so many others, I want to see my girls grow up. To graduate. To watch them walk down the aisle when they get married. To grow old with my husband. Hopefully someday, even enjoy my grandkids.”

Meanwhile, Jill doesn’t sit by waiting – she’s always living and giving to others.

“My faith gets me through each day and pushes me forward. I know that God has His hand in this, and that He has a plan. I also know that while I can’t change the course set for me, I don’t have to sit by idly and watch life pass me by.”


Jill Kolb

En la Espera de un Riñón
Fort Worth, Texas

Jill Kolb no permite que una enfermedad rara del riñón evite que ayude a cuanta gente como pueda.  

Ella y su esposo John son padres de dos hijas (de 13 y 6 años) y también trabajan tiempo completo en sus respectivos trabajos y en su rancho. Jill también funge como la “mejor mamá de una porrista y conductor de Uber,” llevando y trayendo y apoyando a sus hijas en varios eventos durante la semana. Es fundadora y presidente de la Fundación Giving Gracefully, una pequeña organización sin fines de lucro que brinda apoyo financiero a quienes se enfrentan a circunstancias imprevistas, como una enfermedad, fallecimiento o pérdida de trabajo. También ofrece su servicio voluntario como presidente de Vista Ranch Home Owners Association, está en la mesa directiva de Northwest ISD Education Foundation y es Embajadora de Esperanza de LifeGift.

Y como si fuera poco, Jill y su familia con frecuencia dan a otros de varias maneras – la mayoría de manera anónima, una tradición que empezó la mamá de Jill quien falleció de falla renal en el 2014.

“Me doy cuenta de que soy más productiva y me hace más feliz cuando puedo ayudar a alguien más – no importa que sea mucho o poco,” dijo Jill. “También me mantiene centrada para darme cuenta que no soy la única persona en el mundo que enfrenta obstáculos que hay que vencer.”

Esos obstáculos no son pequeños. Jill es la cuarta persona en su familia que necesita un trasplante de riñón debido a lo que los doctores creen que es enfermedad por membrana basal delgada (TBMN) – una condición hereditaria que previene que los riñones filtren la sangre correctamente. Inicialmente Jill tenía listo a un donante en vida quien estaba segura sería compatible. No lo fue. Se examinaron a otras dos personas cercanas a Jill y ni uno fue compatible. 

En enero de 2018, después de varios días de estar enferma, Jill expuso su sentir en Facebook. No solicitó un donante, solo explicó todos los retos a los que se estaba enfrentando. Después, para su asombro, más de 50 personas contestaron la encuesta inicial para ver si podrían ser donantes en vida – algunos era gente que no había visto en 20 años.

“Era un sentimiento tan maravilloso saber que tantas personas estaban literalmente dispuestas a darme una parte de ellas mismas. Ni siquiera podía responder… ¿Cómo das las gracias por el ofrecimiento de ese tipo de regalo?”

Hasta ahora, 26 de esos amigos se han examinado, pero todavía no se encuentra uno compatible.

Con un tipo de sangre B+ y un alto porcentaje de PRA (lo cual significa que tiene anticuerpos contra cerca de 92 por ciento de la población), es particularmente difícil para Jill encontrar a alguien que sea compatible. La espera estimada para un donante fallecido son siete años. Jill no deja que eso la desanime.

“Nada ha sido fácil para mí y encontrar a alguien compatible tampoco lo será. Pero no importa. Cualquier cosa que vale la pena vale trabajar por ella. Quiero ser esa historia de éxito que todos han escuchado – ¡la que venció TODAS las probabilidades!”

Sus expectativas para el futuro son sencillas.

“Como tantos otros, quiero ver crecer a mis hijas. Que se gradúen. Caminar con ellas al altar cuando se casen. Hacerme vieja con mi esposo. Ojalá algún día, hasta disfrutar a mis nietos.”

Mientras tanto, Jill no está sentada esperando – siempre está viviendo y dando a los demás.

“Mi fe me sostiene a diario y me motiva a seguir adelante. Sé que la mano de Dios está presente en esto, y que tiene un plan. También sé que aunque no pueda cambiar el curso que fijó para mí, tampoco es necesario que me quede sentada sin hacer nada y ver que se me pasa la vida.”

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