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Gary Garcia

En Español

Liver Recipient
Newark, Texas

Gary Garcia was told he had two weeks to live.

In 2007, he was diagnosed as HIV-positive, and the resulting antiretroviral medication eventually destroyed his gallbladder – which meant his liver would have to filter all the toxins in his body. It took its toll and interfered with Gary’s sleep. Doctors prescribed yet another medication for sleep, but that was more than his body could take.

Gary woke up one day looking yellow. The doctor told him he was in acute liver failure due to nonalcoholic steatohepatitis (NASH), a type of fatty liver disease. To survive, he would need a liver transplant in the next two weeks. But it would take six months just to get on the waiting list – and it was difficult to even find a hospital willing to perform a transplant on an HIV patient.

“I wasn’t able to function,” Gary said. “Simple things like walking, eating … I was literally dying.” But, he said, “I was determined to live.”

That two weeks stretched into three years. Gary and his husband, Chad, had to fight to get him care, searching for a medical team that knew how to handle both liver failure and HIV. While in San Diego, Gary was listed on the national transplant list. In 2014, due to unforeseen circumstances, they had to move from San Diego to Texas and found a transplant center that was able to take his case. Gary had to get relisted on the transplant list. In September 2016, he was again added to the national transplant waiting list.  

Three times, he was called about a possible match. The first two times were disappointments; the third time was a go. Gary received a new liver on Dec. 6, 2016.

“I was excited, yet felt so much compassion and hurt for the donor family.”

He wrote to the family of his donor weeks after his transplant but hasn’t heard anything back yet. Meanwhile, he lives and gives through speaking engagements educating others about organ donation and HIV. He is an ambassador for the HOPE Act – HIV Organ Policy Equity – which allows HIV-positive people to receive organs from HIV-positive donors. Before the act was unanimously passed by the U.S. Senate in 2013, people who were HIV-positive were not able to become organ donors.

“Everyone deserves care, compassion and the best chance at life," Gary said. He plans to start a foundation to provide education and financial support to others going through organ transplantation.

“This has given me a beautiful life,” he said. “My donor decided to be an organ donor, which saved my life, which allows me to pay it forward by keeping their legacy alive.”


Gary Garcia

Receptor de Hígado
Newark, Texas

A Gary García le dijeron que solo le quedaban dos semanas para vivir.

Fue diagnosticado con VIH positivo en el 2007, y a la larga el medicamento antiretroviral le destruyó la vesícula – lo que significa que su hígado tendría que filtrar todas las toxinas en su cuerpo. Le causó estragos y Gary ya no podía dormir.  Los doctores le recetaron otro medicamento para el insomnio, pero fue más de lo que su cuerpo pudo aguantar.

Un día Gary despertó con la piel amarilla.  El doctor le dijo que tenía una insuficiencia hepática aguda debido a una esteatohepatitis no alcohólica (NASH), un tipo de enfermedad del hígado graso. Para sobrevivir, necesitaría un trasplante de hígado en las siguientes dos semanas.  Pero tardaría seis meses tan solo para que lo anotaran en la lista de espera – y era difícil encontrar un hospital dispuesto a realizar el trasplante en un paciente con VIH.

“Ya no podía yo hacer nada,” dijo Gary. “Cosas sencillas como caminar, comer… literalmente me estaba muriendo.” Pero, dijo, “estaba decidido a vivir.”

Esas dos semanas se alargaron a tres años. Gary y su esposo Chad tuvieron que pelear para que recibiera atención, buscando un equipo médico que supiera manejar tanto la insuficiencia hepática como el VIH.  Mientras se encontraba en San Diego, se registró a Gary en la lista nacional de trasplantes.  En el 2014 debido a circunstancias no previstas, lo tuvieron que cambiar de San Diego a Texas y encontró un centro de trasplantes que pudo tomar su caso. Gary tuvo que volverse a registrar en la lista de trasplantes.  En septiembre de 2106, se le volvió a agregar a la lista nacional de trasplantes.        

En tres ocasiones le hablaron de un posible donante compatible.  Las primeras dos terminaron en desilusión; la tercera fue cierta.  Gary recibió un hígado nuevo el 6 de diciembre de 2016.

“Estaba tan emocionado, y sentía tanta compasión y dolor por la familia donante.”

Le escribió a la familia de su donante varias semanas después de su trasplante, pero aún no ha recibido respuesta. Mientras tanto, vive y dona a través de dar conferencias para educar a otros sobre la donación de órganos y el VIH.  Es un embajador del Decreto HOPE – Equidad de Políticas para Órganos VIH – la cual permite que las personas con VIH positivo reciban órganos de donadores VIH positivos.  Antes de que el Senado de los E.E.U.U. pasara por unanimidad el decreto en el 2013, las personas con VIH positivo no podían ser donante de órganos.    

“Todos merecen cuidado, compasión y la mejor oportunidad de tener una buena vida," dijo Gary. Tiene planes para iniciar una fundación para brindar educación y apoyo financiero a otros que están en el proceso de trasplante de órganos.  

“Esto me ha dado una vida maravillosa,” dijo. “Mi donante decidió ser un donante de órganos, lo cual salvó mi vida, que me permite pasarlo más adelante manteniendo vivo su legado.”

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